Tú eres tu producto

Dentro de los tabúes que los músicos conservan es el de resistirse a ofrecerse como un producto o servicio. No hay nada obtuso en ello. Vendemos lo que hacemos, ya sea un concierto como intérpretes, directores o compositores, ya sea como docentes, productores o conferenciantes. Lo que ofrecemos es un producto, un servicio de valor a nuestro comprador.

Del mismo modo, al hablar de compra saltan todos los resortes cognitivos para apartarnos del concepto de mercancía. Y sí, lo somos. Ser mercancía, ser un producto, vender lo que hacemos debiera ser considerado el corpus esencial de nuestra capacidad comunicadora como expertos músicos. Lo que no se ve no existe, lo que no se ofrece no se vende.

Por lo tanto, no hay nada oscuro en utilizar estos términos si lo que ofreces como músico está alineado con tus principios, si lo que haces es de alta calidad y, por tanto, de valor. El uso de las palabras no determina lo que eres, pero sí lo que puedes llegar a vender.

Lo que no se ve no existe, lo que no se ofrece no se vende.

Mientras el mundo anglosajón tiene estos conceptos desprovistos de toda mirada turbia, en el sur de Europa seguimos con un estigma de excelencia argumentativa que no siempre se corresponde con el valor musical ofrecido.

Vender no es un verbo falaz. El producto que se vende puede serlo. Si vendes armas, drogas, traficas con animales… sí puedes darle una connotación espúrea. Si vendes belleza, sonidos, felicidad, empleabilidad… la venta se convierte automáticamente en trascendente.

Tu producto eres tú. Vendes lo que eres además de lo que haces, si es que pueden separarse ambos conceptos. Abandona todo temor al hecho de vender. Si no lo haces nadie conocerá tus virtudes y aquellos músicos a los que miras de reojo porque logran ofreciendo menos valor te adelantarán tan solo porque no tienen miedo.

Juan F. Ballesteros
marketing musical